Comienzo a comprender el dolor de nuestra madre celestial, comienzo a comprender el dolor de mi mami. Ahora siento ese dolor, esa angustia, esa lágrima que a veces cae y otras queda eternamente suspendida en el alma. Mi niña hermosa, mi pedacito, quisiera verte sin ese aparato, poder bañarte en la tina y verte jugar en el agua, quisiera saber y ver que tu caderita está en la posición correcta, que no sufrirás más. Quisiera ver como aprendes a sentarte, a dar vuelticas por la cama. Quisiera saber que tu sonrisa jamás se borrara de esa carita tan linda, tan pintada por Dios. ¡Cómo me duele! Mi pedacito, mi Isabel Sofia. Dios, padre, sana a mi niña, sana su caderita. Bendice a los médicos que la tratan. Espiritu Santa iluminalos con el don de la sabiduría y de la caridad.
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